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doulos
Superación personal

PODEROSOS EN PALABRAS Y OBRAS

PODEROSOS EN PALABRAS Y OBRAS

Hoy en día muchos usan la biblia para juzgar y para condenar a otros. Sin embargo a veces detrás de esa máscara de juez riguroso puede esconderse una persona débil y pecadora cuyas palabras podrían afectarle también.

Jesús dijo: “No juzguéis para que no seáis juzgados” (Mt. 7.1) no debo adelantar nada contra nadie si es que yo mismo padezco de las mismas falencias. Claro el tratar de juzgar a otros para sentirme bien o para servir al Señor en una condición así sería condenarme a mí mismo. Y la verdad debe ser terrible que tú hombre imperfecto que has tomado con ligereza el ministerio de la exhortación sin tener la madurez espiritual y encima con las debilidades de un pecador que no las has superado te atrevas a condenar a otros poniéndote en el entredicho.

El apóstol Pablo dice: “Por lo cual eres inexcusable oh hombre quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo” (Ro. 2.1). De ser así entonces no basta con pararse desde un púlpito o desde una tribuna para lanzar sanciones y juicios contra los demás cuando moral y espiritualmente estoy descalificado para ello antes bien en la predicación del evangelio debe haber mesura cordura y como dice el mismo Pablo en Gal. 6:1: “….considerándote a ti mismo no sea que tú también seas tentado” (Gal. 6:1). Si sufro tentaciones y siendo débil caigo ¿quién soy yo para juzgar y condenar a otros que tienen las mismas fallas? Es indudable que Jesús sí podía hacerlo porque en Él no había pecado pero nosotros no somos iguales a Él.

Esto implica que la autoridad en la predicación no sólo radica en la correcta exposición del texto bíblico y la enseñanza que podamos sacar de él sino en la autoridad moral de aquel que lo usa. Moisés por ejemplo tenía autoridad porque era un hombre poderoso en “palabras y obras” (Hch. 7:22) al igual que Jesús y quienes han de usar la biblia para enseñar deben ser conscientes que el Señor usará a aquellos que lo honran en obras es decir con un buen testimonio y en palabras usándola de forma correcta.

Cuando subas al púlpito piensa en esto y decide si tienes la autoridad moral y espiritual para hablar de un tema en el que probablemente no encajas porque tu testimonio no es correcto aún. Esta es una cuestión en la que los predicadores pocas veces piensan. No hay que pensar que por el hecho de ser pastor o predicador tengo licencia para hablar de todo podemos hablar de todo pero la autoridad y el sello de Dios probablemente no refrenden todo lo que decimos porque Él sí que conoce nuestro testimonio. Entonces es importante cultivar la vida de santidad de obediencia en todo lo que el Señor nos mande hacer sin chistar sin quejarnos sin cuestionar simplemente acatando su palabra eterna. No deshonremos la revelación bíblica al contrario honrémosla porque al hacerlo estamos también honrando a Dios. “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto es porque no les ha amanecido” (Is. 8:20).

 

Puntos otorgados!
6 comentarios
nelsonrodb

interesante post

jajomo24

La biblia es para interpretar, guiar, aprender y enseñar, pero no para juzgar. Eso solo dios.

leonardo46

Muy interesante

jame2121

:)

leonardo46

Interesante articulo

suiza2017

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