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Superación personal

Los hombres no lloran y otras h#$%&s

Los hombres no lloran y otras h#$%&s

Nunca fui el chico más masculino entre mis amigos y de hecho siempre se me hizo difícil hacer amigos varones. El buen tono muscular y la fuerza de mis piernas no eran impulso suficiente para ser el crack del fútbol que todos los niños veían para si mismos. Siempre preferí muñecos tranformers de los 90 héroes y contarme historias a través de ellos. Jugaba también a ser presentador de un programa de cocina al fiel estilo de Gastón Acurio. Al verlos sentía que todo estaba mal en mi. Un niño puede llegar a niveles de frustración que causan estragos para toda la vida. Al llegar la adolescencia encontré con sorpresa que la mayoría de las chicas del colegio tenía la misma percepción de sus posibles primeros amores. Debían ser enérgicos violentos atléticos soltar lisuras sin sentido al menos intentar nalguearlas para demostrar que eran verdaderos hombres; sobre todo para “las más bonitas” se trataba de cualidades indispensables. Era terrible. Pero algo sí tuve de la adolescencia: la rebeldía. Y trataba de refutar de reclamar y encontrar un sentido a toda esa situación que sentía tan absurda. En respuesta solo choqué con una pared de profesores compañeros y demás personas que tumbaban mis dudas con un discurso de normalidad. Cada mes me rendía un poco más. El desarrollo temprano de mi cuerpo a causa de un presumible exceso de hormonas me dotó de una barba medianamente espesa a los catorce años los rezagos de obesidad y el estirón quitaron la grasa dejando músculos tonificados y el examen de admisión como una prioridad impuesta pero necesaria me distrajeron de los cuestionamientos de los trece para ser el joven galán de quince. De pronto fui un éxito y me la creí. Al final también había querido un poco de reconocimiento.

Pasan los años y de adulto la realidad se hace más palpable. Ahora la responsabilidad hace las cosas muy confusas. Cuánta tensión. La última chica con la que estuve de la que me enamoré hace casi cinco años tuvo al lado a un chico de llanto fácil que podía conmoverse con el niño de la que calle que a menudo ignoras. Un chico que a la vez sentía como una obligación y deber ser el macho alfa protector de su pareja. El virus estaba ahí todo el tiempo estuvo ahí. No importaba cuan consciente haya sido del tema cuan disidente me sintiera cuanto me haya opuesto la idea estaba insertada en mi cabeza. Era -y quizás es- una idea aprendida profundamente que no salió de ahí en tantos años luego de tanta lucha. Por qué un chico no puede ser sensible y ser visto derramando lágrimas o bailando espontáneamente. Por qué debemos ver a una mujer como alguien inferior casi incapaz de cuidarse y defenderse porqué llegamos al punto de asfixiarlas y tratarlas como si no supieran si quiera atar sus zapatos. Y lo peor es que enseñamos a niñas a creer que eso es también lo normal y depender. Todos protegemos y procuramos a quien amamos pero hay una individualidad y una fuerza que no se puede violar.

El machismo nos afecta a tod@s nos destruye. Dejemos de aprenderlo y dejemos de enseñarlo. Por favor.

Puntos otorgados!
2 comentarios
nelsonrodb

interesante post

juanptt

Impresionante

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